Tu guía de innovación
Entra en juego el sentido de pertenencia que la persona siente y expresa respecto a la organización
JUAN JOSÉ GOÑI ZABALA
07/02/2008
La aportación personal al trabajo está cambiando de significado progresivamente. Partimos de un concepto que asocia el trabajo a la tarea, siendo ésta una actividad predeterminada y dominada. La calidad del trabajo o el bien hacer se equipara con la calidad de los resultados y la eficiencia de los mismos. Estos términos nos llevan a hablar con frecuencia de la productividad como una variable de medida del trabajo. Esta visión actualmente dominante en la concepción de lo que significa trabajar, está siendo sustituida paulatinamente por otra donde no es la tarea el foco de atención, sino la resolución de problemas y el logro de resultados. Las capacidades que se aplican aquí no son las capacidades de hacer lo conocido, sino las de crear y las de lograr con otros, resultados nuevos y excelentes, y esto requiere de una aportación singular de cada persona.
Es aquí en donde entra el juego el sentido de pertenencia que la persona siente y expresa respecto a la organización. Este sentido de pertenencia a un proyecto, a una proyección futura donde el mismo se ve, es muy variable de unas personas a otras. Puede existir un clima general de pertenencia pero cada persona tiene un nivel de vinculación específico, a esto llamamos "contrato emocional". Podríamos definir éste como el grado de compromiso emocional que vincula los intereses particulares de cada persona con los diferentes espacios de relación interpersonal que encuentra en la empresa.
El contrato emocional se puede expresar en 5 niveles.
- Nivel 1.- Obediencia. Es una versión reduccionista del contrato emocional en donde el acuerdo implícito es "hago lo que me dicen a cambio de un precio, el salario". La implicación para una aportación más allá de la tarea exigida, no existe. El conjunto de personas que se sitúan en este nivel apenas emplean la inteligencia creativa y la inteligencia promotora en busca de cosas nuevas. Se preocupan de no tener la culpa cuando "se declara un incendio".
- Nivel 2.- Incentivo. Es una relación individualista en la que se desarrolla implícitamente un equilibrio medido entre esfuerzo y recompensa. El acuerdo, esta vez explícito, se manifiesta como "lo hago porque me interesa ahora mismo o muy pronto, me premian". Esta forma de contrato emocional es débil y se fragmenta con facilidad cuando no se alcanzan los logros. Sólo la existencia continua de resultados garantiza que este nivel no se rompa. Generalmente los resultados, si se alcanzan, no se han producido por este bajo nivel de vinculación, pero se interpretan o asocian por parte de todos con este esquema de promesa ? premio.
- Nivel 3.- Responsabilidad. Supone una visión del contrato emocional vinculado al nivel ético de uno mismo. Me siento responsable porque me han encomendado una misión o una gestión que no puedo descuidar. Esta posición se expresa diciendo "lo hago bien porque yo soy el responsable de algo y he de rendir cuentas a otra persona de rango superior". Así las cadenas de responsabilidades y estructuras construyen esa pirámide con la que frecuentemente representamos a las organizaciones y los objetivos.
- Nivel 4.- Crear valor. Este nivel ya más elevado en la escala de contratos emocionales vuelca la atención e interés de cada persona en su contribución a otros, en forma de generar valor útil para clientes, empleados, socios, proveedores, etc? Este nivel se expresa "busco el logro y la acción propia orientados a los que me rodean". Esta posición genera una elevación del contrato emocional ya que éste sólo existe si se construye en relación de confianza con personas. La carga emocional de apoyo hacia el exterior se retorna en un balance muy gratificante para quien lo ejerce cuando se cierra el círculo del reconocimiento. Estamos hablando de un nivel de contrato emocional donde el equipo es la fórmula idónea para vehicular la densidad emocional de los vínculos entre sus miembros. Una buena estructura operativa de equipos de alto rendimiento almacena contenidos relacionales gratificantes que dan lugar a potentes contratos emocionales, respondiendo con estabilidad a la incertidumbre y permitiendo compartir éxitos y fracasos, frutos ambos de actuar decidiendo frente a lo nuevo.
- Nivel 5.- Alineamiento. Este último nivel comprende una forma de contrato emocional de muy alto calado donde los intereses del individuo y los del proyecto empresarial están muy bien encajados. Tienen tal alineamiento que los niveles de compromiso y participación pueden extraer de cada persona capacidades que superan muy ampliamente la aportación intelectual u operativa de una persona en condiciones normales. Este tipo de contrato emocional se expresa diciendo "el proyecto me compromete porque está alineado con mi futuro". Este alineamiento tiene que ser visible externamente y vivido a través de evidencias por quien adopta esta última modalidad de contrato emocional.