Tu guía de innovación
Para conseguir que los consumidores compren los productos debes conseguir primero que los consumidores quieran a los productos
Narcís Mirandes
10/12/2007
Hace mucho tiempo, yo aún era un niño de no más de 10 años, presencié una conversación entre dos maestras, una mayor y con más experiencia y otra joven que acababa de empezar. La joven maestra se lamentaba de las dificultades de su trabajo, entonces, un poco desanimada ya, preguntó:
- ¿Qué puedo hacer?
- Haz que tus alumnos te quieran ? contestó la más experimentada
- ¿Y eso cómo lo hago?
- Quiérelos tu primero.
La chica se quedó callada de golpe, le sorprendió la respuesta. He recordado esta vivencia muchas veces. Posiblemente no es la solución perfecta, he dado clases en la universidad y alguna conferencia y me parece que en demasiadas ocasiones no he conseguido que mis alumnos me quieran. ¿Quizá no los he sabido querer lo suficiente yo? ¿O es más sencillo y no he sabido preparar la clase de forma adecuada? No estoy seguro.
No obstante, sí que en algunas ocasiones en la conferencia o clase había una conexión especial, un clima general de entendimiento y en todos esos casos antes yo tenía un sentimiento claro de afecto, respeto y admiración hacia esas personas que estaban conmigo en la misma sala.
La relación profesor?alumno tiene elementos parecidos a la relación producto-consumidor. Para conseguir que los consumidores compren los productos debes conseguir primero que los consumidores quieran a los productos, aunque sea sólo un poco. Las grandes marcas son aquellas que consiguen que los consumidores tengan una relación afectiva intensa. Algunos quieren a una marca de coche, un club de fútbol o una marca de crema, aquella y sólo aquella que les soluciona un problema que les molestaba.
Siguiendo con el paralelismo, ¿qué puedes hacer para que los consumidores amen tus productos o servicios? ¿qué puedes hacer para que se interesen por tu producto y lo compren?... Amar a los consumidores o clientes. Esto quiere decir preocuparte de verdad por ellos, no como una masa heterogénea y difusa, si no pensar en personas concretas a quienes tu marca puede ayudar en algún aspecto, aunque sea pequeño. La ilusión y el interés de las personas que hay detrás de la marca se acaba comunicando y puede ser más importante que el producto en sí o su tecnología.