Tu guía de golf
La última solución revolucionaria para los problemas de putt tiene más del doctor House que de Tiger Woods. La famosa Clínica Mayo ha demostrado con un estudio reciente que los temidos yips, los temblores del golfista, se terminan a golpe de inyección de botox.
ANDRÉS DOMÍNGUEZ
31/03/2008
El error en el putt es tan antiguo como el propio juego del golf. Con toda probabilidad, el anciano Tom Morris sufría temblores en los putts decisivos cuando estaba a punto de ganar el Open Británico, y es aún más probable que los calmara con un buen vaso de whisky escocés. Fue en los años 80 cuando los temblores, o el simple canguelo, empezaron a recibir el nombre de yips. Científicamente, es una corriente eléctrica que ataca las manos y muñecas del golfista en momentos de tensión extrema. El ejemplo más claro es el famoso putt fallado por Bernhard Langer en la Ryder del 91. Menos de un metro que para el alemán fue más de una milla.
Décadas más tarde, la prestigiosa Clínica Mayo ha presentado un estudio realizado durante más de cuatro años a varios miles de golfista y que viene a demostrar que las inyecciones de botox pueden curar estos temblores. La base científica es clara hasta para un pagano. El botox, derivado de la toxina botulínica de grupo A, bloquea los músculos para que no se contraigan. Un tratamiento ya muy extendido en cirugía estética y que, siempre según los expertos de la clínica de Arizona, se extendería a la medicina deportiva.
¿Y qué dice el mundo del golf de todo esto? Hasta el momento, reacciona con cierto escepticismo. Más aún teniendo en cuenta que esta temporada comenzaba con la polémica de las listas de sustancias prohibidas tanto en el circuito americano y europeo, y el anuncio de que se empezarán a hacer controles antidopaje. Evidentemente, el botox no está en la lista -y sí algunas bebidas isotónicas, por ejemplo- pero la reacción del Royal&Ancient es imprevisible.
Como anécdota, un veterano como Doug Sanders, veterano golfista famoso, entre otras cosas, por sufrir yips durante años, defiende su propia solución: vodka con tónica.