golf
El juego en el green es al menos un 50% cuestión de confianza. Si se tiene, genial. Si no, también se puede trabajar en ella.
ANDRÉS DOMÍNGUEZ
Dicen los teóricos de esto de la psicología del golf que en el putt entran en juego ambos hemisferios del cerebro. La parte izquierda, la analítica, entra en juego para leer el green y estudiar la caída. La parte derecha, la llamada imaginativa o sensitiva, coordina los ojos con las manos para que el golpe se ejecute correctamente.
A algunos jugadores les funcionan. Para otros, son cosas de iluminados. En cualquiera de los casos, hay una serie de trucos universales que, de un modo u otro, puede ser divertido probar una mañana en el putting green.
- Visualizar el putt: Dibujar mentalmente una línea de puntos con la caída hasta el hoyo. Facilita bastante comprobar que la bola la termina siguiendo. Parece una tontería, pero no lo es.
- Oír como cae la bola: Entramos en el peligroso territorio del golf casi esotérico. Algunos psicólogos aconsejan imaginar el sonido de la bola cayendo en el hoyo.
- Pintar el hoyo de tu color favorito: Si los anteriores han sido dignos de Uri Geller, este supera lo inimaginable. Algún que otro gurú estadounidense aconseja pintar -mentalmente, claro- el hoyo de un color que nos guste. De este modo el cerebro tenderá a hallarlo más cercano y atractivo. ¿Y si nuestro color favorito es el rosa? ¿quién puede tomarse en serio un hoyo pintado de rosa?
En fin, útiles o no, practicar estos trucos nos garantiza al menos un buen rato antes de salir al campo.