Tu guía de golf
Bola pegada a un árbol en el "lado malo". ¿Jugar de zurdas o de espaldas? Como casi todo, cuestión de gustos.
ANDRÉS DOMÍNGUEZ
21/06/2008
La mayoría de los profesores de golf del planeta enseñan a jugar a zurdas para situaciones en que es físicamente imposible hacer un swing convencional por la cercanía de un árbol u otro obstáculo. Y no está de más recordarlo. No pasar de un hierro 9 o un wedge, por la amplitud de la cara del palo, rotar el grip y hacer el swing en el sentido contrario al que haríamos normalmente, como un zurdo. Eso sí, dos consejos, hacer unos cuantos swings de prácticas antes; y acortar lo más posible la primera fase del movimiento para minimizar la desviación.
Sin embargo, hace ya un par de temporadas observé que Gonzalo Fernández-Castaño firmaba una recuperación espectacular desde una situación parecida a la de la foto jugando de espaldas en un torneo del circuito europeo en Asia. Por supuesto le pregunté pocos días después y confesó que el golpe de espaldas le resultaba mucho más efectivo que el de zurdas. Como a él, a muchos profesionales y amateurs. Sobre el papel parece una auténtica locura, pero unos golpes de prácticas en el chipping green demuestran que el movimiento es incluso más natural que el de zurdas. Nos ponemos de espaldas al objetivo, se coge el palo con el brazo fuerte en el swing -en el caso de los diestros, el derecho- y se efectúa un golpe corto para sacar la bola de espaldas. El golpe es más controlable en cuanto a la dirección, aunque no deberíamos esperar a hacer más de 20 o 30 metros con él. Control a cambio de yardas.