Tu guía de golf
Medio metro, un metro, metro y medio. Da igual, si es cuesta abajo, nos suele entrar el sudor frío. Con estos consejos y un poco de práctica, ya no.
ANDRÉS DOMÍNGUEZ
14/07/2008
- Lectura de green: En un putt cuesta abajo, hay que evaluar con mucho más cuidado la caída del green. No resulta exagerado tumbarse casi literalmente sobre la superficie para comprobar la dirección, o incluso tomar de referencia la propia cara del putt para comparar.
- Caídas más violentas: No hay que temer apuntar claramente a una dirección en un putt cuesta abajo. La propia fuerza de la gravedad aumenta extraordinariamente los efectos de las caídas, por lo que hay que ser más valiente en la alineación que en un putt normal.
- El golpeo: Toda la valentía que hemos empleado en la lectura, nos la guardamos para el golpeo. Precaución. Para ello, una buena medida que recomiendan bastantes pros es desplazar ligeramente el punto de contacto hacia la punta del putter, la parte más exterior. Alineamos esa zona con la bola y golpeamos un putt mucho más controlado, con menos fuerza, para compensar la caída.
- En el borde del hoyo: Toda la vida hemos oído que para embocar un putt hay que calcular la fuerza como para que se pase unos centímetros del hoyo, para así no quedarnos a una vuelta de que entre. En este caso, no. Para un putt cuesta abajo, la referencia será el mismo borde del hoyo, suponiendo que nos quedamos un centímetro cortos, aunque si todo sale bien, entrará gracias al apoyo de la gravedad y del amigo Newton. Si estamos en un green estilo "capó de un Volkswagen" como los del US Open, pues se toma una referencia aún más lejana, y a rezar.
- Putting green: Como siempre, lo más fácil es dar los consejos y lo más difícil es practicar el tiempo necesario en el putting green para que funcionen. Golpear varias series de putts cuesta abajo desde diferentes distancias antes de cada vuelta ofrece resultados espectaculares. Suerte.