golf
La opción más inteligente en bunker de calle pasa por un golpe raso, que ruede mansamente hasta el green. Un golpe de links, puro y duro.
ANDRÉS DOMÍNGUEZ
La situación es bastante habitual en muchos campos del mundo: la bola bien colocada en un bunker de calle. No es muy profundo. El green se erige a algo más de cien metros. La tentación pasa por un golpe de wedge, alto y bonito, que se clave en el centro de green o retroceda con un elegante backspin. Pero no. Más de una y dos veces, pegamos a la bola por detrás y nos quedamos a diez o veinte metros de green.
Golpe estético + mal ejecutado = golpe perdido.
La alternativa inteligente es un golpe de oficio, uno de esos que vemos ejecutar a Colin Montgomerie en los ventosos links escoceses y le sirven para dejar la bola a un par de metros de bandera. En lugar del tentador wedge, sacamos de la bola un hierro 6 o hierro 7, como si fuéramos a ejecutar un golpe normal desde el centro de la calle. Hacemos un swing casi completo, pero la golpeamos seca. De este modo conseguiremos un vuelo bajo de unos cien metros, y unos cuantos más para rodar hasta el green, según la distancia que necesitemos.
Como hemos señalado en más de una ocasión, a veces el golpe más estético no es el mejor que se puede hacer.