Tu guía de golf
Llegado el verano, hay muchos golfistas que desempolvan los palos para salir al campo por vez primera en meses. Lo primero es limpiarlos.
ANDRÉS DOMÍNGUEZ
29/06/2008
- De entrada, un trapo: Si el juego de palos lleva tiempo encerrado en el armario, lo primero es desempolvarlo en el sentido literal. Una bayeta o un trapo, y limpiar el polvo superficial antes de entrar en una limpieza más profunda.
- Cubo, agua y jabón: En la tienda de tu club encontrarás unos kits de limpieza de palos buenísimos y también carísimos, pero si nunca te acuerdas de comprar uno o prefieres gastar el dinero en unas bolas nuevas, por ejemplo, un cubo de plástico, un bote de jabón lavavajillas, una bayeta y un cepillo de dientes, serán suficientes. Lo primero es llenar el cubo con más o menos un palmo de agua tibia mezclada con el jabón, suficiente para sumergir íntegramente la cabeza de los palos y que haga espuma.
- Inmersión: A continuación se introducen los palos en la mezcla espumosa durante unos minutos. No más de cinco o diez. De este modo se desprende la suciedad de los surcos y la cabeza del palo ya empieza a parecer la cabeza de un palo.
- Cepillado: Llega el momento más engorroso, la limpieza concienzuda de los surcos o estrías de los palos. Con un cepillo de dientes viejo, limpiar durante al menos un par de minutos cada cabeza de los hierros. Es en este momento cuando nos solemos arrepentir de no limpiar los palos después de cada día de golf, pero el ser humano es así. Los que coleccionamos zapatillas deportivas estamos hechos a lo del cepillo de dientes.
- Aclarado: Ha pasado lo peor. Con una manguera o bajo un grifo se aclaran los hierros. Si se ha hecho bien todo lo anterior, deberían brillar como los de la foto, más o menos.
- Secado: Con una toalla limpia, secar la cabeza y la varilla de los palos. Listo para jugar. Y volver a ensuciarlos, por supuesto.