golf
Un par de pulgadas en el grip pueden ser la clave para sacrificar un poco de distancia con el driver por un mejor promedio de calles cogidas. Cuestión de rectitud.
ANDRÉS DOMÍNGUEZ
El estadounidense Anthony Kim es una de las estrellas emergentes en el circuito americano, el candidato más probable a sucesor de Tiger, especialmente después de su inmensa actuación en la última Ryder Cup. Un jugador que compensa su escasa envergadura con arrobas de talento y, en el caso del driver, un pequeño truco para aumentar la fiabilidad en las salidas aún a costa de perder metros.
Tal y como explica en el último número de Sports Illustrated, Kim adoptó hace ya algunos años un grip más corto en sus salidas con el driver. Si habitualmente la mano más retrasada llega casi al extremo del palo, el joven golfista estadounidense avanza unas dos pulgadas, dejando unos cuantos centímetros de empuñadura a la vista. Un pequeño detalle con un efecto inmediato: el swing se acorta de igual modo, el backswing de Anthony Kim en estos casos es de casi tres cuartos de swing.
El resultado también es inmediato: un grip más reducido, un swing más corto, pero con la misma velocidad de bajada, provocan salidas algo más cortas, aunque nunca en menos de 10 o 15 metros. Por el contrario, la fiabilidad aumenta por tratarse de un swing mucho más controlado. En estos casos, siempre hay que remitirse a la sabiduría de la publicidad de los neumáticos Bridgestone: La potencia, sin control, no sirve de nada.