La nueva tecnología permite deformar la carcasa de la bota en apenas 20 minutos y lograr un ajuste personalizado para una mejor transmisión de la fuerza directamente a las tablas, unas sensaciones superiores de control y sobre todo un confort que no es habitual en botas tan deportivas.
ALFONSO OJEA
10 minutos al horno
El objetivo que se ha marcado el fabricante es lograr una adaptación tan perfecta que botín y carcasa - zona exterior de la bota - crean un sistema integrado. El proceso es tan eficaz como rápido. El material del "milagro" es un plástico denominado Kaprolene que mantiene una gran maleabilidad. Esta característica permite reducir el tiempo de personalización a un trámite que dura poco más de 20 minutos. La carcasa se introduce en un horno durante 10 minutos, más tarde se deja enfriar y ya ha quedado convertida en una segunda piel de ajuste impecable.
Pioneros del calor
El uso del calor para personalizar una bota de esquí es un descubrimiento reciente. Hace 10 años la personalización llegaba de la mano de la silicona y algunas marcas ya desaparecidas crearon modelos en los que el botín interior se personalizaba con la inyección de silicona en estado líquido que se endurecía después para adoptar la forma del pie. Era un sistema caro y lento y además la bota solía ser fría en las largas jornadas de esquí.
Ahora, con la introducción del calor, la mejora de los materiales plásticos y la reducción del peso las cosas han cambiado. Por si fuera poco, Salomón con esta tecnología denominada custom Shell también mantiene su descubrimiento primigenio: el botín termo-moldeable. Es decir, en la misma bota se incorporan las dos tecnologías sensibles al calor para que los dos componentes de una bota sean un todo.