Conocer a fondo otras culturas y promover el uso de la bicicleta como medio de transporte son los objetivos de Charles Brigham en esta aventura en formato cicloturista.
Bárbara Maregil
A Charles Brigham le gusta vivir la vida 'ralentizada', rechaza la 'adicción a la prisa' y está ávido de conocer en primera persona la forma de vida de otros países. Pero, sobre todo, le encanta montar en bicicleta. Así que un buen día, este norteamericano natural de Wisconsin, preparó un equipaje ligero, cogió su bicicleta y se puso en marcha rumbo a descubrir el mundo sin usar ningún transporte motorizado: "nunca viajo más rápido que la velocidad humana y hago boicot a todos los vehículos motorizados por razones de sostenibilidad. Quiero demostrar que moverse en bicicleta es una afición al alcance de todo el mundo, que permite disfrutar de cada momento y que enseña un ritmo de vida diferente", comenta.
Antes de emprender esta aventura, Charles trabajaba en talleres reparando bicicletas, por lo que está preparado resolver los problemas mecánicos que le surjan durante su recorrido. "Llevo muchas herramientas en las alforjas y algunas de ellas no valen para la mía, las llevo para ayudar a los ciclistas que me encuentro y que tienen problemas con sus bicicletas, me gusta echar una mano a quienes comparten mi afición".
Lleva una bicicleta especialmente preparada, un 'híbrido' combina características de bicicleta de montaña y de carreras y su equipaje se reduce a 45 kilos de útiles de supervivencia: lo justo para acampar, cocinar y asearse. "Llevo un espejo, pero no es para afeitarme", bromea sobre tocándose su larga barba, "es para hacer señales por si tienen que localizarme en medio del desierto".
Comienza la aventura
En septiembre de 2007 inició la marcha desde Wisconsin hasta Virginia y luego hasta Miami, donde, después de dos meses buscando, localizó un barco de velas que necesitaba tripulación y navegó hasta Antigua, donde cambié de barco y logró atravesar el Atlántico hasta Azores y luego a Gran Bretaña.
En la bici de nuevo, exploró Inglaterra, Gales, e Irlanda, donde sufrió un grave accidente. "Me rompí el pie y el cuadro de marchas de mi bicicleta quedó destrozado. Tuve suerte de conocer a personas que me acogieron durante tres meses hasta que me pude recuperar para continuar mi recorrido".
Tras Irlanda visitó para Escocia y Edimburgo, dejando las islas británicas a principios de 2009 para cruzar hasta Amsterdam. Bélgica, Francia Alemania, Austria, Eslovaquia, Hungría, Croacia, Eslovenia, Italia, Francia de nuevo y hace unos meses aterrizó en España: "Llegué a Barcelona atravesé las sierras españolas hasta Madrid, donde lo estoy pasando muy bien, ya que hay mucha cultura de bici y donde practico el castellano". No le asustan los choques culturales, habla seis idiomas, incluido japonés, y ampliar la lista es otro de los objetivos de su viaje. De Madrid nos cuenta que no es una ciudad especialmente acondicionada para los ciclistas y que se pueden hacer algunas mejoras: "en Italia vi que se destina parte de las vías a la circulación de bicicletas y en las calles estrechas los coches ceden el paso a los ciclistas, este es mi sueño, que los automóviles paren para que los ciclistas podamos pasar".
¿Y ahora?
En unos días parte hacia Gibraltar y Marruecos, comienza la etapa africana, donde recorrerá la parte mediterránea del continente (Algeria, Túnez, Libia, Egipto...). Después se dirigirá a Asia, después Australia y culminará su gesta recorriendo Sudamérica hasta llegar de nuevo a su tierra natal. "Me imagino que me quedan unos tres o cuatro años para volver a casa en Wisconsin, no sé exactamente. Un día llegaré, sin haber viajado en coche, autobús, tren, ni avión".
Y cuando llegue... "lo que haré será escribir un libro con todas estas vivencias. Quizás también más adelante prepare una aventura similar, igual recorriendo volcanes por el mundo", bromea, aunque esta hazaña va a ser difícil de superar.
Puedes seguir a Charls en su vuelta al mundo en bici en sus blogs: