bicicletas
El proyecto español para conseguir implantar cultura de bicicleta
Andrés Ortín Boetti
Ha sido presentada por fin la llamada Guía de la Movilidad Ciclista de España . Esta guía, en realidad es un proyecto llevado a cabo por el Ministerio de Fomento a través del Plan Nacional de I+D+i y ha sido coordinado por el Centro de Investigación del Transporte, junto a la Asociación Probici y la Universidad Politécnica de Madrid.
La guía va a servir como referente para la reflexión global sobre la implantación efectiva y eficaz del modo bicicleta en el medio urbano. Gracias a modelos internacionales y estudios previos a la cuestión de las nuevas movilidades de urbanismo y transporte, se quieren instaurar ciertos factores y decisiones importantes para nuevos modelos de ciudad.
Esta guía intenta ser un compendio de todas las medidas y soluciones que se podrían o se deberían poner a punto si lo que se desea es conseguir una buena mezcla de tráficos mixtos en las ciudades, llegando a reducir tráfico, contaminación y consumo. La mayoría de ciudades no están suficientemente preparadas para asumir ese tipo de modelo y es por eso que se ha desarrollado este texto que sirva a cualquier ayuntamiento que desee probar y realizar nuevos sistemas de movilidad y transporte dando introducción importante a la bicicleta como vehículo.
En esta guía española a semejanza de las europeas que hace tiempo se concibieron e implantaron, recoge varios desarrollos matemáticos según que modelo se elija con factores de variación como el tiempo, el desplazamiento, la elección de modelo de movilidad. Y es debido a esto que se han elegido tres ciudades españolas para que sirvan como posible modelo de implantación. Madrid, Burgos y Santander son las elegidas para concebir los proyectos y atender a diferentes necesidades o características, y es que a pesar de tener todos el mismo objetivo, no siempre se lleva a cabo el mismo modelo en relación al tráfico motorizado, la adaptación de las calles, conseguir un tráfico mixto cómodo y siempre y sobre todo que sea un ejemplo de seguridad y sostenibilidad.
Pero claro todo esto no es sólo una cuestión de decisión personal o del ayuntamiento sobre qué tipo de vehículo usar, sino que también se tiene que acompañar con una voluntad política todas esas medidas, ya sean físicas, de promoción, urbanismo y seguridad vial. Porque el cambio no lo tienen que dar ellos, ni unos pocos sino que tiene que ser una cosa global y de conciencia ciudadana. La conclusión es que las redes ciclistas que se instauren tienen que estar muy meditadas y no hechas como tanteos electorales por lo que deberán ser seguras, con accesibilidad directa, cohesionadas con el resto de mobiliario y transporte urbano y cómodas para fomentar el uso y no construirlas como monumentos ya en desuso.